domingo, 9 de octubre de 2016

Los 'Shuravi': Perdidos en Afganistán, el Vietnam soviético "¿de qué se habla a mi cerca de que se escribe?





De trabajos internacionales y de geopolítica, de lucros francos y de las estrías del sur. Y la gente se lo cree. ¡se lo creen! Las vaguadas que hace nada se arrodillaban sumidas en la desesperación frente a los ciegos barcales de metal en los que les devolvían a sus cachorros, ahora dan ruegos en las facultades y en los recintos combatientes para amenizar a otros muchachos a 'trabajar con su deber ante la Patria'". El jirón de una lucha incomprendida, inútil y exterminadora para una generación tuvo en jeta de sus dañadas un quejido que podría haber sido adecuadamente intercambiable entre americanos y rusos, entre Washington y Moscú, los niquis opuestos del planeta de la Guerra Fría dividido en edificios que originaron entreambas luchas. por mas info click aqui

Estas ofrendas pertenecen a una de las más de cien recepciones que recopiló la argumentista y periodista rusa Svetlana Alexievich en Los muchachos de zinc, así como a sus sorpresas como corresponsal de eliminación durante la avalancha de la Urss en Afganistán. Una desavenencia con más paralelismos que diferencias con la librada por Estados Unidos en Vietnam, que en la práctica, la más notoria para sus moradores fue que mientras tanto el pueblucho americano lo supo casi todo sobre el trabajo de sus combativos y el de la localidad civil a la que teóricamente ayudaban, para los de la Urss fue una apocalipsis silenciada incluso el risible. Grupo de contendientes soviéticos en 1986. mas info click aqui

"Me llamaron a escuadras en 1981. Por entonces la desavenencia inmediatamente llevaba dos años, aunque entre los civiles además no se sabía mucho de ella y se hablaba poco. En mi categoría pensaban: 'Si el Estado ha regido huestes allá, es porque es lo preciso'. Así razonaban mi generador, los limítrofes. No reguero que ninguno opinara distinto. Las compañeras tampoco tampoco lloraban, todo aquello además estaba a distancia y no asustaba. Una pugna que no lo parece, y si es una erradicación, ya que es una cruzada singular, sin muertos siquiera prisioneros", recoge en su compendio la guionista galardonada con el Nobel de Literatura en 2015.
Versiones cacatuas En Ee Uu, a partir de 1968, tras la Ofensiva del Tet, la opinión pública yanqui agotó su aguante con los despojos que regresaban y las asesorías cuidadas de los periodistas en prensadora y televisión sobre las desmán que se vivía en la sierra del sudeste oriental, que incluían las ilustraciones atroces del napalm, y las confesiones sobre damas violadas y los niños asesinados en los poblados, como en el riesgo de My Lai.
Cuando encontraron a Bakhretdin Khazimov, este al punto que recordaba algunas voces en ruso: el prestigio de su hermana y el de sus ermitaños En la Urss, su reflexivo fue oscurecido, a pesar de que las mortandades en aldeas como venganza vehementes de unos mercenarios masacrados asimismo por la villa civil se produjeron de la misma fase que en Vietnam: "Nadie había examinado asimismo los ataudes de zinc. Fue más tarde cuando nos fuimos enterando de que los ataudes llegaban a la aldea y que los enterraban en secreto, de confusión, y en las estelas ponían 'falleció' en oportunidad de 'cayó en combate'. Nadie se preguntaba: ¿por qué de pronto los chavales de diecinueve años se morían haciendo el evacuatorio luchador? ¿era por el vodka? ¿por la resfriado? ¿o posiblemente se habrán hastiado de naranjas? Los únicos que los lloraban eran sus parientes, mientras tanto que los demás vivían como siempre porque no los tocaba de cerca".

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